Un experimento pionero ha explorado una estrategia hasta ahora inédita: extraer mitocondrias del músculo de una paciente e introducirlas en sus ojos para intentar recuperar parte de la función visual. El resultado fue modesto y temporal, pero abre una nueva vía de investigación en medicina regenerativa.
Las mitocondrias son conocidas como las “centrales energéticas” de nuestras células. Su función principal es producir la energía que necesitan los tejidos para funcionar. En enfermedades que afectan a la retina y al nervio óptico, el deterioro de las células puede estar relacionado, entre otros factores, con problemas en el metabolismo y en la producción de energía.
A partir de esta idea, un equipo de investigadores llevó a cabo un procedimiento experimental en una mujer con una pérdida visual grave. Los científicos extrajeron mitocondrias de tejido muscular de su pierna y posteriormente las inyectaron en el humor vítreo, el gel transparente que ocupa el interior del ojo.
¿Por qué utilizar mitocondrias de la propia paciente?
Una de las claves del experimento es que las mitocondrias procedían de la propia paciente. Al utilizar material biológico autólogo, los investigadores pretendían reducir el riesgo de que el sistema inmunitario lo identificara como extraño.
La hipótesis es que las mitocondrias introducidas en el ojo podrían proporcionar un aporte energético adicional a células dañadas o sometidas a estrés, favoreciendo temporalmente su funcionamiento.
Pero hay una diferencia importante: no se trasplantaron células de la pierna al ojo. Lo que se aisló y administró fueron las mitocondrias contenidas en esas células.
¿Funcionó?
Los resultados fueron, de momento, limitados.
El procedimiento no produjo inflamación importante ni efectos secundarios graves en la paciente, un dato relevante porque se trataba de una intervención completamente experimental. Los investigadores observaron además una respuesta temporal de los ojos a la luz.
Sin embargo, esa señal biológica no llegó a convertirse en una recuperación funcional de la visión que la paciente pudiera percibir. En otras palabras, el experimento no consiguió devolverle la vista. El efecto observado fue además temporal.
Un primer paso, no una cura
El interés de este trabajo no está tanto en una recuperación visual inmediata como en demostrar que esta estrategia puede estudiarse en seres humanos.
Se trata de una primera experiencia y, por tanto, no permite saber todavía si la transferencia de mitocondrias será capaz de producir una mejora visual relevante en otros pacientes. Será necesario investigar cuánto tiempo permanecen activas las mitocondrias administradas, qué células del ojo pueden beneficiarse de ellas y cómo conseguir que el efecto sea más intenso y duradero.
La investigación también plantea una cuestión fundamental: ¿pueden las células dañadas recuperar parte de su función si se mejora su capacidad para producir energía?
Responder a esta pregunta podría abrir una nueva línea dentro de la medicina regenerativa y del tratamiento de algunas enfermedades degenerativas de la retina.
¿Qué podemos concluir?
El experimento representa un avance científico interesante, pero todavía muy preliminar.
No estamos ante un nuevo tratamiento disponible para la ceguera ni ante una técnica que permita recuperar la visión de forma demostrada. Lo que se ha conseguido es algo mucho más inicial: comprobar que la administración de mitocondrias propias en el ojo puede realizarse sin efectos adversos importantes en esta primera paciente y que puede producir una respuesta biológica temporal.
La investigación tendrá que demostrar ahora si ese efecto puede reproducirse, prolongarse y, sobre todo, traducirse algún día en una mejora visual que el paciente pueda experimentar realmente.
En resumen: las mitocondrias podrían convertirse en una nueva herramienta de la medicina regenerativa, pero todavía estamos ante una hipótesis experimental. El camino entre conseguir que un ojo responda ligeramente a la luz y recuperar una visión útil sigue siendo muy largo.
Referencia
Naddaf, M. (2026). Patient’s own mitochondria injected into eyes in attempt to restore vision. Nature, 24 de agosto de 2026.